Gijón acoge una protesta antitaurina con homenaje a los toros fallecidos
El domingo, en Gijón, activistas de asociaciones antitaurinas realizaron una ceremonia simbólica en la Plaza del Marqués. Cincuenta lápidas con nombres de toros fallecidos en festivales recientes formaron parte del acto, que busca visibilizar la oposición social a la tauromaquia.
Esta iniciativa se produce pocos días antes de la celebración de la Feria Taurina de Begoña en El Bibio, prevista del 13 al 17 de agosto. La protesta refleja un contexto político en el que la región ha mostrado una postura cada vez más crítica con los festejos taurinos. La proposición no de ley aprobada en la Junta General del Principado de Asturias, que califica las corridas como maltrato animal y solicita cambios en la ley autonómica, evidencia este cambio de tendencia.
El regreso de los festejos a El Bibio, tras la decisión de la actual alcaldesa Carmen Moriyón de recuperarlos en 2024, contrasta con la suspensión en 2021 por decisión de la anterior alcaldesa. La polémica generada por los nombres de los toros en esa temporada también influyó en esta tendencia de rechazo.
Las organizaciones activistas destacan que la resistencia social a las corridas en España continúa en descenso. Datos recientes del Ministerio de Cultura muestran que solo el 8% de la población asistió a festejos taurinos en el último año, mientras que estudios como el de la Fundación BBVA sitúan el rechazo ciudadano en un 77%. La opinión pública se inclina cada vez más en contra de la tauromaquia, considerando su protección como patrimonio cultural menos aceptable.
Este escenario político y social apunta a una posible redefinición del papel de la tauromaquia en el futuro de la región. La tendencia de rechazo puede influir en decisiones legislativas y en la percepción social, promoviendo una mayor protección a los animales y modificando las tradiciones culturales en Asturias.
En un contexto más amplio, la evolución de la opinión pública y las decisiones políticas en Asturias reflejan una tendencia nacional en la que la tauromaquia pierde apoyos y se enfrenta a una creciente demanda de regulación o eliminación. La próxima década puede marcar cambios sustanciales en la regulación y en la percepción social de estas prácticas tradicionales.