OVIEDO, 13 de noviembre.
Un reciente estudio llevado a cabo por el arqueólogo e historiador Iván Muñiz ha revelado que la emblemática Sala Capitular de la Catedral de Oviedo no fue concebida simplemente como un espacio administrativo, sino como una fortaleza de carácter inglés, erigida en el periodo comprendido entre 1293 y 1314. Muñiz sostiene que el término apropiado para referirse a este espacio debería ser 'Capítulo Fortificado'.
En una conferencia de prensa, Muñiz destacó que esta sala representa una "fortificación singular recién descubierta", y es considerada como "la obra de arquitectura fortificada más significativa de la Asturias medieval". Además, el historiador la catalogó como una creación "vanguardista" de su tiempo, influenciada por el estilo anglo-normando. La frase "es el Niemeyer del siglo XIII" salió de sus labios, enfatizando su relevancia arquitectónica.
Muñiz considera que esta estructura constituye una "joya de incalculable valor" no solo para el legado diocesano de Asturias, sino también para el patrimonio cultural español en su conjunto, subrayando que, durante la época de su erigimiento, Oviedo se situaba como un punto neurálgico en el panorama internacional.
Entre los hallazgos que ha compartido, el historiador afirma que la Sala Capitular fue diseñada como una fortificación que simbolizaba la autoridad del obispo Fredolo I, francés de nacimiento, en un periodo marcado por la lucha de poder entre Alfonso X el Sabio y su hijo Sancho.
La construcción de esta sala capitular, inspirada en la arquitectura 'Plantagenet', se caracteriza por poseer torres en sus cuatro esquinas, con un diseño que recuerda a la célebre Torre de Londres. Aunque actualmente su forma original está oculta tras las edificaciones vecinas, el concepto es el de "un cubo perfecto con torres en cada ángulo".
Durante su investigación, Muñiz también ha documentado la transformación que sufrió la estructura a lo largo de los años; inicialmente era un bastión sin ventanas, con saeteras, pero con el tiempo se fueron añadiendo aperturas que permitían la entrada de luz, como el rosetón que adorna su fachada actual, reflejando el cambio de un tiempo de conflictos hacia épocas más tranquilas.
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