IU exige supervisión de las instalaciones deportivas de Oviedo tras nuevos incidentes en Otero
IU exige al gobierno de Oviedo supervisar los polideportivos tras la inundación de Otero y los incidentes previos en Ventanielles y San Lázaro.
IU-Convocatoria por Oviedo exige al gobierno municipal que supervise todos los centros deportivos de la ciudad, incluidos los de gestión externalizada. La formación lo hace tras denunciar un nuevo incidente en el polideportivo de Otero, donde se produjo una inundación. Según la propia formación, el equipamiento recibe más de 1.000 usuarios diarios.
La denuncia no es aislada. IU vincula el caso de Otero con las inundaciones registradas previamente en el polideportivo de Ventanielles y con el deterioro de las pistas de atletismo de San Lázaro. Para la formación, el conjunto de episodios apunta a un problema de mantenimiento sostenido en el tiempo.
Uno de los puntos centrales del argumento es la gestión. El polideportivo de Otero está externalizado, y IU sostiene que este modelo no garantiza por sí mismo ni un mantenimiento adecuado ni la calidad del servicio. La crítica apunta así a la capacidad de control del ayuntamiento sobre las empresas concesionarias, más que a la titularidad pública o privada de las instalaciones.
El concejal Alejandro Suárez describe la situación como un patrón que se repite: instalaciones que se deterioran, incidencias de mantenimiento sin respuesta adecuada y barrios que asumen las consecuencias de la falta de inversión. La denuncia recae directamente sobre la Concejalía de Deportes, a la que IU acusa de desentenderse de los problemas.
El debate tiene una dimensión simbólica. Oviedo presume de su condición de Capital Europea del Deporte y de infraestructuras de gran escala, como el Palacio de los Deportes. IU sostiene que esa imagen contrasta con el estado de los equipamientos de proximidad y reclama que el deporte municipal se garantice en todos los barrios, no solo en los grandes proyectos.
El futuro inmediato dependerá de si el gobierno local responde con un plan de revisión de los centros, con inversiones concretas o con un control reforzado de los contratos de gestión externalizada. Lo que está en juego es la credibilidad de la política deportiva municipal y su capacidad para atender el mantenimiento cotidiano más allá de los proyectos emblemáticos.